En biología molecular existe una técnica revolucionaria llamada CRISPR-CAS9 que permite editar genes con una precisión quirúrgica: identificar exactamente el segmento de ADN que se quiere modificar, cortarlo y reemplazarlo por la secuencia deseada. Es una metáfora poderosa para pensar la gestión del tiempo en el ejercicio profesional del derecho.
El tiempo del abogado, como el ADN, está compuesto por secuencias que se repiten. Hay actividades que agregan valor real a la práctica —entrevistas con clientes, análisis estratégico, redacción de escritos clave, investigación jurídica— y hay otras que son rutinarias, delegables o directamente prescindibles. La pregunta es: ¿sabemos distinguirlas? ¿Y cuando las identificamos, actuamos en consecuencia?
El problema del tiempo en la abogacía
El abogado litigante es un profesional sometido a una presión temporal inusual. A diferencia de otras profesiones liberales, el vencimiento de un plazo procesal no es un inconveniente: es una catástrofe. Una apelación presentada un día tarde es una apelación inexistente. Una nulidad no interpuesta en término es una renuncia tácita. Un recurso extraordinario que no cumple con los recaudos formales es papel mojado.
Esta realidad genera en muchos estudios jurídicos una cultura de la urgencia permanente que, paradójicamente, atenta contra la calidad del trabajo. Cuando todo es urgente, nada es importante. Cuando el abogado pasa el día "apagando incendios", no tiene tiempo para pensar estratégicamente en ninguno de sus casos.
Estudios sobre malpractice legal en Estados Unidos y España indican que entre el 30 y el 40% de los errores profesionales de los abogados están relacionados con la gestión del tiempo: vencimiento de plazos, olvido de actuaciones procesales, falta de seguimiento de expedientes. La cuestión no es de conocimiento jurídico, sino de organización.
La edición del tiempo: aplicando CRISPR al estudio jurídico
Siguiendo la metáfora de CRISPR, la gestión del tiempo en el estudio jurídico requiere tres operaciones análogas a las de la edición genómica:
1. Identificación: ¿dónde va tu tiempo?
El primer paso es diagnóstico. Durante una semana, el abogado debe registrar, con honestidad brutal, en qué invierte cada bloque de tiempo de su jornada. La mayoría se sorprende: una porción enorme del tiempo va a correos electrónicos sin responder, consultas telefónicas improductivas, reuniones sin agenda definida y tareas administrativas que perfectamente podría delegar.
La herramienta más simple para este registro es una planilla con cuatro categorías: Trabajo sustantivo (análisis, redacción, estrategia), Atención al cliente (reuniones, llamadas con valor agregado), Administración (facturación, agenda, organización) e Interrupciones (todo lo que no debería estar ahí). Después de una semana, el resultado suele ser revelador.
2. Corte: eliminación quirúrgica de lo prescindible
Una vez identificadas las actividades de bajo valor, la tarea es eliminar o delegar las que sea posible. Esto implica decisiones que muchos abogados evitan porque les generan incomodidad:
- Establecer horarios de atención telefónica y comunicarlos a los clientes, en lugar de estar disponible las 24 horas.
- Implementar un sistema de gestión de expedientes que incluya alertas automáticas de vencimiento, en lugar de depender de la memoria.
- Delegar las tareas administrativas a un asistente, aunque el estudio sea unipersonal —hoy existen servicios de asistencia virtual que son accesibles para cualquier profesional independiente.
- Aprender a decir que no a clientes o casos que no encajan con el perfil del estudio.
3. Inserción: diseño del tiempo de alto valor
El tercer paso es el más importante y el menos intuitivo: una vez liberado tiempo de actividades de bajo valor, hay que diseñar conscientemente cómo invertir ese tiempo recuperado. Esto significa bloquear en la agenda, con la misma firmeza que se bloquea un vencimiento procesal, espacios para:
- Pensamiento estratégico profundo: al menos dos horas semanales dedicadas a analizar los casos más complejos sin interrupciones.
- Actualización jurídica: lecturas, formación, participación en espacios académicos y profesionales.
- Desarrollo del negocio: relaciones con colegas, conferencias, escritura de artículos (como este), presencia en redes profesionales.
- Descanso real: el abogado que no descansa comete más errores. El descanso no es un lujo: es una inversión en la calidad del trabajo.
Herramientas concretas para el abogado chaqueño
Más allá de los principios, algunas herramientas concretas que han demostrado su utilidad en estudios jurídicos de tamaño similar al que predomina en el interior del país:
- Agenda digital con sincronización multi-dispositivo: Google Calendar o Apple Calendar permiten configurar alertas múltiples para cada vencimiento procesal. La regla debería ser: tres alertas (una semana antes, tres días antes, el mismo día).
- Sistema de gestión de expedientes: Existen soluciones específicas para estudios jurídicos argentinos que integran la gestión de expedientes con la facturación y el seguimiento de plazos.
- Correo electrónico por bloques: Revisar el correo en bloques de tiempo definidos (por ejemplo, 9 AM y 5 PM) en lugar de hacerlo continuamente reduce significativamente las interrupciones y mejora la concentración.
- Plantillas de escritos: Para los tipos de escritos más frecuentes, tener plantillas bien elaboradas reduce el tiempo de redacción y mejora la consistencia.
El tiempo como activo estratégico
En última instancia, la gestión del tiempo en el estudio jurídico no es un tema de productividad personal: es un tema de calidad profesional y de servicio al cliente. El abogado que tiene control sobre su tiempo puede pensar con claridad, investigar con profundidad y defender con convicción. El que vive en el caos de la urgencia permanente no puede hacer ninguna de esas tres cosas bien.
La analogía con CRISPR-CAS9 cierra aquí: editar el ADN de tu práctica profesional requiere precisión, valentía para cortar lo que no sirve, y claridad sobre qué querés insertar en su lugar. No es un proceso cómodo. Pero los resultados, como en biología molecular, pueden ser transformadores.
"El tiempo es el único recurso que no se puede recuperar. El abogado que aprende a gestionarlo no solo trabaja mejor: vive mejor." Josías Abregú — Procesos Legales